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viernes, 15 de julio de 2016

MORIRÁS MUCHAS VECES en las III Jornadas Literarias de Carboneras (Almería)


EL PRÓXIMO VIERNES 22 DE JULIO, A LAS 18 HORAS,
EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE CARBONERAS
MESA REDONDA EN TORNO A LA NOVELA POLICIACA
DONDE INTERVENDRÁN LOS ESCRITORES JUAN SORIA,
LORENZO SILVA, MANUEL REYNALDO MÉNDEZ
Y UN HUMILDE SERVIDOR.




jueves, 30 de junio de 2016

Reseña de MORIRÁS MUCHAS VECES



En las páginas 16-18 del número 46 (junio 2016) de la revista Lletres Valencianes, apareció esta reseña sobre Morirás muchas veces realizada por el escritor y filósofo Miguel Catalán.



LA TRAMA DEL AJEDREZ

Morirás muchas veces es la quinta novela del profesor y crítico alicantino José Payá Beltrán. Esta ficción difícilmente clasificable aplica dosis medidas de sentido del humor a las técnicas de la novela policíaca y de misterio para construir una trama ambiciosa y cosmopolita cuyo final no defraudará al lector.

José Payá Beltrán (Biar, Alicante, 1970) es doctor en Filosofía y Letras, profesor de Lengua y Literatura y crítico literario del diario Información de Alicante. Aparte de su libro de cuentos, La segunda vida de Christopher Marlowe, y su primera novela, Castilla o los veranos, de corte más clásico y realista, Payá viene practicando una literatura alineada entre los géneros policíaco y de misterio desde su segunda novela, Destilando fantasmas (2007) hasta la más reciente, La última semana del inspector Duarte (2015).

En una suerte de frenética historia ficción, Morirás muchas veces propone una explicación literaria al extraño proceder del ajedrecista estadounidense Robert James (Bobby) Fischer durante el célebre torneo de ajedrez que en 1972 le enfrentó, con el título del mundo en juego, al campeón soviético Boris Spassky. En aquel campeonato, celebrado durante el último tramo de la Guerra Fría en Reikiavik, capital de Islandia, el joven aspirante Fischer brilló por su ausencia en la ceremonia de inauguración y luego se negó a jugar a menos que los organizadores cumplieran algunas extravagantes condiciones. El propio presidente Nixon llamó por teléfono al misántropo jugador de Chicago para convencerle de que saltara al escenario del Match del Siglo. Tras incontables anécdotas que incluyeron un comienzo desastroso para Fischer, la pérdida de una partida por incomparecencia y el desarme de la silla de Spassky en busca de uranio o aparatos emisores de ondas nocivas para su mente, Fischer fue proclamado vencedor. Sin embargo, el nuevo monarca de los escaques ya no quiso volver a jugar campeonatos de alta competición. Y cuando la Federación Internacional de Ajedrez le instó a poner el título en juego con Anatoli Karpov bajo pena de perder el título, Fischer renunció. El soviético fue nombrado entonces nuevo campeón del mundo.

La ingeniosa reconstrucción de José Payá empieza cuando en 2008 una organización criminal confunde a un actor de segunda fila llamado Enrique Ruiz con un sicario que trabajaba para ella. Puesto ante la tesitura de continuar con su mediocre vida fingida de aspirante al éxito y el dinero, o de incorporarse con un maletín de medio millón de euros a una vida tan real como peligrosa vivida por él mismo, Ruiz opta por la segunda. Para ello deberá asesinar a uno de los tres españoles relacionados con «el asunto de Reikiavik» que tuvo lugar casi cuarenta años antes.

Madrid, Jordania, Bruselas y Reikiavik son las estaciones de paso en busca de la bolsa o la vida a cuenta de La Hermandad, un grupo capaz de cambiar el rumbo del Match del Siglo en Islandia a fin de que el prestigio político en juego lo ganara Estados Unidos, diecisiete años antes de que la historia se repitiera a lo grande con la caída del Muro de Berlín.

Payá se centra en la personalidad de Fischer, un hombre que nunca dejó de ser el
niño al que solo le interesaba el ajedrez; aprendió a jugarlo a los seis años, dejó la escuela a los dieciséis para dedicarse por completo al mecanismo que le obsesionaba y fue el Gran Maestro más joven de la historia. En la tesis implícita de Payá, solo un hombre entregado en cuerpo y alma al que Shakespeare llamó «juego honrado» estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por ganar el título mundial. A partir del momento en que los tres representantes de La Hermandad entran en el hotel de Fischer en Reikiavik con la pregunta «¿Todavía desea ser el nuevo campeón del mundo?», se dispara una trama ambiciosa y cosmopolita tocada de sentido del humor cuya inverosimilitud no impide pasar las páginas con interés creciente hasta el mismo punto final.


                                                                                                                        Miguel Catalán


José Payá Beltrán
Morirás muchas veces,

Ed. Agua Clara, Alicante, 2016

viernes, 27 de mayo de 2016

EL MAR COLOR DE VINO, de Leonardo Sciascia.


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    Sin prisa, pero sin pausa, lenta e inexorablemente la editorial Tusquets ha ido llevando a cabo la recuperación de uno de los mayores narradores europeos de la última mitad del siglo XX: el siliciano Leonardo Sciascia. El cometido empezó en 1987 con 1912+1, cuando el autor italiano todavía estaba vivo (moriría dos años después). A esta obra siguieron: La bruja y el capitán, El Consejo de Egipto, Puertas abiertas, Todo modo —una de las preferidas de quien esto escribe—, El caballero y la muerte, Una historia sencilla —que concluyó unos meses antes de morir—, Cándido o Un sueño siciliano, El contexto —otra de mis preferidas—, Los tíos de Sicilia, Los apuñaladores, La desaparición de Majorana, El día de la lechuza, A cada cual, lo suyo, El teatro de la memoria y la que ahora nos ocupa, El mar color de vino. No creo gratuito ni baladí la enumeración de todos estos títulos que aparecieron (continúan todavía) en la colección Andanzas y más tarde en Fábula. Ahí quedan para que los curiosos que todavía no conocen a Sciascia —y piensen que las novelas negras llegadas del frío son un placer en grado sumo— se acerquen a cualquiera de ellas; crean adicción.

     El mar color de vino no es una novela (aunque quizás muchos de los títulos antes referidos tampoco podrían incluirse dentro un significado ortodoxo del término), sino un libro de relatos. Está compuesto por trece narraciones escritas entre 1959 y 1972. Si algún lector (de todo hay en la viña del Señor) todavía no se ha acercado a Sciascia, esta colección de cuentos es un modo excelente para introducirse en un universo donde el pueblo (en el sentido más meridional, más mediterráneo del término), la mafia, el humor y la política se conjugan de un modo extraordinario. Para los adeptos, basta con afirmar que encontrarán “más de lo mismo”, lo cual no es, aunque lo pueda parecer, ninguna calificación negativa: “lo mismo”, en Sciascia, es la excelencia.

Resultado de imagen de el mar color de vino leonardo sciascia    Los trece cuentos que forman el volumen construyen un mosaico variopinto y completo de la sociedad siciliana: el principal tema de Sciascia a lo largo de toda su producción. En estos relatos hallamos bodas concertadas, mujeres sacrificadas, crímenes tan absurdos como casuales, emigrantes rumbo a América, viajes en tren de lo más peculiares, cardenales asesinados y arrojados a un pozo, la religiosidad más fanática, cornudos consentidores, bandas mafiosas dispuestas a exterminarse… y un largo etcétera de situaciones y personajes inolvidables que, a veces, nos harán sonreír y otras patalear de rabia e impotencia, pero que siempre nos sorprenderán.


      Ni siquiera los muchos traductores (José Ramón Monreal, Ana Poljak, Ricardo Pochtar, Carlos Manzano, Juan Manuel Salmerón, Juan Ramón Azaola —es obvio que en la calidad alta o baja de un autor extranjero tiene mucho que ver el traductor; por eso los cito—) que nos lo han revelado a lo largo de estas dos décadas ha perjudicado una prosa directa y clara, forjada con el hierro y la muñeca de los grandes narradores europeos (hablo de Chesterton, de nuestro Delibes, de Thomas Mann…y de tantos otros): una prosa que nos atrapa como un anzuelo y que guía nuestro pensamiento a través de laberintos políticos y reflexiones vitales. No hay titubeos ni dudas en las palabras de Sciascia, pero sí los hay en sus argumentos que nunca se nos muestran completamente desvelados. En eso el novelista italiano sigue el décimo punto del Decálogo del Estilo de Nietzsche: «No es ni sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría».

Leonardo Sciascia,
El mar color de vino, Tusquets, 2010. 180 páginas.

jueves, 28 de abril de 2016

FURIAS DIVINAS, la última de Mendicutti



EL HUMOR ES ALGO MUY MUY SERIO

     Mediante un sobresaliente despliegue idiomático y una trama tan divertida como precisa, Eduardo Mendicutti vuelve a sorprendernos con una novela refrescante, donde el humor es empleado para asaltar las hipocresías, las falsedades y los vicios de nuestro tiempo.

      En marzo de 2008, y con motivo de la aparición de Ganas de hablar, Eduardo Mendicutti visitó nuestra ciudad con la intención de dar a conocer su (por aquel entonces) última novela. Un servidor tuvo el honor (y el placer) de ser el encargado de introducir al autor en el acto de presentación de su novela que se desarrolló en la librería FNAC. He de confesar que, hasta unos meses antes, yo no había leído ni una sola página escrita por Mendicutti. Así que en una carrera contra el reloj me vi en la obligación de leer los títulos que consideré más significativos… Y me deslumbró un autor soberbio y cuajado, con un dominio del léxico que podría calificar de exuberante y con una capacidad apabullante a la hora de urdir tramas y manejar los mecanismos de la literatura. Me dejó sin aliento, la verdad. Me emocioné con la hermosa y triste historia de El palomo cojo (una de sus primeras novelas); no dejé de reír con las peripecias de las estrambóticas e histriónicas la Madelón, la Peritonititis y otras amigas que protagonizaron Una mala noche la tiene cualquiera; disfruté como un niño con las tribulaciones del transexual Rebecca de Windsor y su novio de Onteniente, en Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy… Me convertí en un seguidor fanático de su obra.


     Ganas de hablar, que fue el origen de mi conocimiento de Mendicutti, me pareció (me sigue pareciendo) un ejercicio léxico digno de estudio filológico, y así se lo hice saber a todos los que me preguntaron. Mae West y yo (2011) era también una gran novela. Más comedida, más asentada. Tampoco para ella ahorré elogios y alabanzas desde este suplemento. Sin embargo, la publicación de Otra vida para vivirla contigo (2013) —que tan buenas críticas consiguió— me decepcionó. Solo en dos ocasiones he empleado este espacio para criticar negativamente un libro. Cuando algo que leo no me gusta, prefiero el silencio. Así que no escribí nada. Aunque sí le comenté al autor mi parecer sobre su novela. Sé que no le gustaron mis opiniones. Estaba en su derecho. Entre otras cosas porque soy consciente —cualquier lector lo es— de que había puesto mucho de sí mismo en esa historia… quizás más que en ninguna otra (creo). A nadie nos gustan las críticas adversas, claro. Cuando escribimos intentamos hacerlo lo mejor posible, pretendemos que cada nueva novela (o poema o cuento) sea superior al anterior. Por eso se hace un flaco favor al escritor cuando se alaban obras ya lejanas en el tiempo y se silencian o critican otras más recientes. Lo sé por experiencia.

      Furias divinas es la última propuesta de Eduardo Mendicutti: 182 páginas que he leído en algo más de tres horas, de un tirón, sin dejar de reír, sin poder apartar los ojos del papel, sin dejar de admirar la capacidad de un autor bendecido por un dominio apabullante del léxico; asombrado por la facilidad a la hora de trazar tramas alegres en su superficie, pero de una seriedad y un rigor absolutos en su base.

     Confieso haber sentido mucha envidia al leer esta gran novela. No desvelaré su argumento. Bastará con afirmar que Mendicutti vuelve a sumergirnos en un mundo exuberante e histriónico. El autor emplear de nuevo el humor para minar y poner en solfa los aspectos más pacatos e hipócritas de nuestra sociedad: un humor sin tapujos ni cortapisas, sin anteojeras, a tumba abierta… Un humor verdaderamente serio y que hay que tener en cuenta.

     Furias divinas es un deleite para la inteligencia y una sabia lección del maestro hacia los que, como un servidor, siempre seremos sus más torpes aprendices. ¡Mi más sentida enhorabuena!

Eduardo Mendicutti,
Furias divinas, Tusquets Editores, Barcelona, 2016. 182 pp.