portada

portada

lunes, 20 de febrero de 2017

MORIRÁS MUCHAS VECES a los Premios de la Crítica

   
   Don José Vicente Peiró, Presidente de los Premios de la Crítica Valenciana, ha comunicado la lista de los candidatos a la mejor novela de 2016.

        Estos son los candidatos:

       Los valencianos Juan Ramón Barat, Clara en la oscuridad (ed. Bruño) y 

Pepe Cervera, Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa (ed. Menoscuarto).

      Los alicantinos Antonio Moreno, Estar no estando (ed. Pre-Textos);

Jesús Zomeño (por partida doble), Querido miedo (ed. Sloper) y De este pan y de esta 

guerra (eds. Contrabando); y José Payá Beltrán, Morirás muchas veces (ed. Agua Clara).


Enhorabuena a todos los candidatos y gracias a todos los que habéis votado para que estas obras sean, si cabe, más visibles.

Alea iacta est.




Resultado de imagen de morirás muchas veces


sábado, 18 de febrero de 2017

EL MENTIROSO, una pequeña gran novela de Henry James

   
      Mi amigo Mario Martínez Gomis me comunica, entre indignado e irónico, que muchos universitarios ignoran quién fue Charles Dickens. Me lo ha dicho antes de que me sentase a redactar esta breve reseña. Evidentemente mucho menos han de conocer a Henry James. Francamente no me importa en demasía: ellos se lo pierden. Si estas pobres líneas ayudan a que alguien —aunque sea uno solo— se acerque a la obra de Henry James (o a la de Dickens, ya que lo hemos mencionado), estaré contento.

Resultado de imagen de el mentiroso Henry James     Por supuesto yo no iba a comenzar así mi artículo. El autor, considerado por muchos críticos como el padre de la novela contemporánea, requería un tono más serio y académico. De hecho tengo junto a mí el volumen The Future of the Novel, que es una colección de breves ensayos y de prefacios en los que Henry James (Nueva York, 1843- Inglaterra, 1916) expone sus ideas sobre la novela como género literario. Comentar El mentiroso en relación con las ideas de James ya citadas me parece —a tenor de mi primer párrafo— no solo absurdo, sino fuera de todo lugar.

    Si escribo esta reseña es porque El mentiroso me ha parecido una novela excelente, que contiene una gran cantidad de elementos destacables y reseñables; asimismo está presentada en una  pulcra edición que no desmerece, a cargo de la editorial Funambulista, y dentro de su colección “Los intempestivos”. Tal vez esto es suficiente para algunos de ustedes —¡no lean más! ¡corran a comprarla!—. Los que todavía no están convencidos tendrán que seguir leyendo...

      Henry James la escribió en 1888. Tenía cuarenta y cinco años y ya había publicado algunas de sus grandes obras como Daisy Miller, Washington Square y Retrato de una dama. Ese mismo año iba a sacar a la luz esa pequeña filigrana de ironía y sutilezas que es Los papeles de Aspern. Todavía habría de tardar diez años en fabricar la que, para quien esto escribe, es una de las novelas más completas que existen: La vuelta de tuerca (inabarcable, alucinante, cambiante con cada nueva lectura). Y ya en el siglo XX iba a regalarnos con Las alas de la paloma y La copa dorada, por poner algunos ejemplos de su gran producción narrativa (Es obvio que este párrafo está dedicado a aquellos que nunca oyeron hablar de Henry James).

    No hay en El mentiroso ni aventura ni deseo, no hay malabarismos técnicos ni escenas impactantes. Aparentemente es una novela lenta y aburrida donde los personajes dialogan y dialogan, dejando pasar indolentemente el tiempo y las horas. Escrita en tercera persona, la novela tiene la apariencia de una pieza de bisutería bonita pero inútil. Y digo “tiene la apariencia”, porque en el fondo la obra —para un lector avezado y explorador— profundiza en muchas cosas. Bajo la aparente cotidianidad y vulgaridad burguesa, la novela nos desvela la capacidad de imaginación de las personas; compara la pintura con la escritura; describe las interioridades matrimoniales y los lazos invisibles pero férreos que las mantienen; habla sobre los solitarios infelices y sobre los felices casados; sobre la mentira y sobre la verdad; sobre la percepción. No obstante su brevedad es una novela grande. Y me importa un ardite que ningún universitario sepa quién fue Henry James. La buena literatura —y esta obra está fabricada con plata de ley— no precisa de más anuncios que su calidad: ese es su principal valedor y su mejor heraldo.


Resultado de imagen de el mentiroso Henry James    A estas alturas el lector se habrá dado cuenta de que no he hablado del argumento. En Henry James no es lo más importante. El ritmo de la narración, la oportunidad y precisión de los diálogos —con una admirable traducción a cargo de Pilar Adón— y los juegos de perspectivas son el sostén principal de sus novelas. La oración con la que se abre la novela es ya, por sí misma, toda una lección de ritmo, de condensación y de presentación del ambiente: “El tren llegó con media hora de retraso y el traslado en coche desde la estación a la casa de campo duró más de lo previsto, de modo que. cuando llegó, los invitados ya se habían retirado a vestirse para la cena”. Lo que sigue son ciento cincuenta páginas que usted debería leer y que yo, a buen seguro, no me cansaré de releer.

Henry James

El mentiroso, Editorial Funambulista, Madrid, 2005. 175 páginas.

domingo, 29 de enero de 2017

La vida por delante, de Antonio Muñoz Molina


    En octubre de 1997, Antonio Muñoz Molina comenzó la publicación de una serie de artículos en El País Semanal. Con una puntualidad suiza, el autor jiennense fue elaborando un artículo semanal hasta finales de febrero de 2002: desde “El tiempo del periódico” hasta “Epílogo” vieron la luz alrededor de 220 artículos. Bajo el auspicio de la editorial Alfaguara se realiza una selección de estos, y se presentan ¾los ciento cinco artículos elegidos¾ bajo la forma de libro. ¿Qué ha llevado al autor a elegir unos y relegar otros al olvido de las hemerotecas? Nunca lo sabremos; pero lo que sí podemos asegurar es que los seleccionados no defraudarán a nadie.

    No es la primera vez que Muñoz Molina publica una selección de artículos: sus dos primeros libros El Robinson urbano (1984) y Diario del “Nautilus”(1986) ya lo eran; luego vinieron Las apariencias (1995) y La huerta del Edén (1996). No debe extrañar a nadie: en múltiples ocasiones el propio autor ha señalado su preferencia y simpatía por el género ensayístico.

    Para los seguidores semanales de Muñoz Molina, La vida por delante no supone nada nuevo. Apenas unas correcciones de los originales, quizás un cambio de título (“El nacimiento” apareció en diciembre de 1998 como “De nacimiento”) que más bien parece una errata... por lo demás, el autor andaluz ha seguido más o menos ¾salvo en un par de ocasiones¾ un orden cronológico. En cambio, para todos aquellos que no conozcan la obra ensayística de Muñoz Molina, o la obra... sin más, tal vez sea este libro una buena oportunidad.

Resultado de imagen de la vida por delante antonio muñoz molina    Nunca se le podrá achacar a Muñoz Molina que no se vuelca en cada línea que escribe. Lo dijo Cervantes: “Somos hijos de nuestras obras”. El autor muestra lo mejor y lo peor en sus páginas: junto al hombre reflexivo, testigo y analista del devenir de los tiempos, solidario con los marginados, impotente ante la vehemencia del horror, defensor de la libertad, crítico y comprometido; encontramos al ser humano con sus debilidades, sus manías, sus gustos aleatorios, sus preferencias literarias y políticas.

    Resulta imposible leer de un tirón La vida por delante (u otro libro de similares características): debemos tomar cada artículo como un bocado, degustarlo lentamente antes de ingerirlo; quizás fuera mejor concebir el volumen como un ágape donde picotear sin orden; deleitarnos con cada nuevo sabor, rechazar aquello que no nos convence, atiborrarnos con los platos más suculentos. Obras como esta deben servir de acicates, de espuelas que agiten el caballo de nuestro cerebro; de no ser así, la finalidad del libro no se habrá realizado y, por tanto, este carecerá de valor.



Antonio Muñoz Molina,

.La vida por delante, Alfaguara, Madrid, 2002. 329 páginas.

sábado, 14 de enero de 2017

DEL RENCOR Y LA MEMORIA, de Juan Retana


Resultado de imagen de del rencor y la memoria Juan Retana      Del rencor y la memoria, del navarro Juan Retana (Estella, 1961) afincado en Cataluña, se alzó con el Premio de Novela Corta «Cristóbal Zaragoza» 2005, convocado por el Ayuntamiento de La Vila Joiosa. Se trata de una novela sin concesiones, sin medias tintas, de prosa directa y clara que se bebe a sorbos grandes, de lector siempre sediento y nunca ahíto. Una narración donde el recurso de la anticipación —por señalar una de sus muchas virtudes— está sabiamente manejado para provocar en el lector (tal como Hitchcock defendía en su cine) no solo la necesidad de confirmar lo que ya sabe, sino también de acrecentar el suspense ya que el lector conoce lo que los personajes todavía ignoran.
    Desde los impactantes primeros párrafos, Juan Retana nos lleva por una Barcelona de callejuelas estrechas y húmedas, por un mundo oculto al de las grandes avenidas. Prostitutas, chulos, políticos y policías corruptos, matones, tahúres y trepas inmisericordes pueblan sus ciento treinta páginas, en las que no hay espacio para las convenciones (ni los convencionalismos); y donde el lector hallará ecos y guiños a la Barcelona de Mendoza y Marsé; pero también a Las máscaras del héroe de Juan Manuel de Prada.


    La génesis de la novela son las preguntas de un joven universitario a la vieja Adela, la prostituta protagonista, quien se ve obligada a recuperar un pasado que ya creía muerto. La acción, entonces, se centra en la inmediata postguerra española, en una Barcelona que disfruta de la victoria pero que está poblada por los derrotados (aunque muchos no se conformen con serlo). La venganza de Adela es la columna que vertebra el resto de acontecimientos de la novela; pero también es el hilo que mueve a unos personajes frustrados y marcados por la infelicidad, por el deseo y por el odio: Angustias, la prostituta samaritana; el avispado y emprendedor Primitivo Borrás; el doctor Soler, que prueba en su carne la herida de la derrota; el obcecado Roque Arcaya, quien no puede dejar de cumplir una promesa; el pequeño Javier creciendo a base de la inquina y la mugre que lo rodean; el tramposo a la vez que infeliz Papallona, condenado a ganar siempre; el falsificador Avelino y su mala suerte. Un puñado de perdedores, de antihéroes que coinciden y pululan en los mismos tugurios, timbas, prostíbulos y cárceles.
Resultado de imagen de Juan Retana novelista     
    No importa tanto la venganza de la protagonista como el fresco de una época rancia e hipócrita, falsamente tranquila, de una sociedad alzada sobre las víctimas de una contienda civil: unas víctimas que muchos años después todavía seguían arrastrando su estigma por los callejones más estrechos y sucios de este país.

Juan Retana,

Del rencor y la memoria,
editorial Agua Clara, 2006. 132 páginas.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

MIGUEL CATALÁN, EL HOMBRE QUE DISECCIONA LAS MENTIRAS



Sin prisa pero sin pausa, como la gota de una clepsidra o la arena de un reloj barroco, el filósofo Miguel Catalán (Valencia, 1958) ha creado una obra sólida e ingente que abarca desde la colección de aforismos, el relato corto y la novela, hasta los ensayos o las traducciones de autores como Kraus o Frary.


Resultado de imagen de miguel catalán gonzález     Acostumbrados a una cultura mediática en la que solo existen los oropeles de la televisión o las polémicas periodísticas, el trabajo infatigable de Miguel Catalán reivindica un espacio en la periferia, lejos de las portadas o los exabruptos, un prestigio ganado a pulso con la constancia y la labor seria y rigurosa.

     G. K. Chesterton, que lamentaba no haber nacido junto al Mediterráneo, hubiese deseado ser Miguel Catalán. Salvo en el gusto que el escritor inglés tenía por la polémica, Catalán tiende cada vez más a parecerse a él en la inmensidad de su obra, en la capacidad de trabajo, en el gusto por las paradojas, en la predisposición a continuar aprendiendo. Preguntado sobre el papel de la Filosofía en una actualidad que ha sustituido a Dios por la Tecnología, el reposo por la prisa, Catalán es claro: “Filosofía significa amor a la sabiduría, un afecto cognitivo que constituye el motor de la evolución personal. Tiene el valor insustituible de la pregunta autónoma por debajo de las verdades aceptadas e impartidas, la inquietud que lleva al pensamiento propio más allá del dictado de la autoridad y el marasmo de los intereses creados”. Es decir, Filosofía es libertad.

    Junto a casi un centenar de artículos en prensa y revistas especializadas, Catalán ha ido  consolidándose a través de la labor callada y constante como un ensayista riguroso. Desde Pensamiento y acción (1994), su tesis doctoral sobre John Dewey, han sido veinte títulos de no ficción los que ha dado a luz este escritor incansable, amante de los aforismos y las paradojas. Diccionario de falsas creencias, El sol de medianoche, La ventana invertida y La nada griega son algunos títulos. Mención aparte merece la magna Seudología, un tratado ambicioso en torno a la mentira en sus múltiples y variadas formas. Preguntado sobre el origen de esta obra, Catalán responde:  “Mi primer texto sobre la mentira fue un artículo sobre el autoengaño que apareció en 1995 en la revista de Gustavo Bueno El Basilisco. Se titulaba “El prestigio de la lejanía” y estudiaba el impulso que nos lleva a huir de nosotros mismos emplazando en un lugar remoto la perfección que hemos renunciado a lograr en nuestra vida cotidiana. Con el tiempo, El prestigio de la lejanía sería el título del primer tomo de Seudología”. Con él consiguió, en 1999, el Premio Internacional de Ensayo Juan Gil-Albert. La maquinaria se había puesto en marcha. Las editoriales Ronsel, Muchnik, Siruela y sobre todo Verbum, que ha reeditado también los primeros títulos, publicaron los cinco volúmenes siguientes de Seudología: Antropología de la mentira, Anatomía del secreto, La creación burlada, La sombra del Supremo y Ética de la verdad y de la mentira. Una serie que irá creciendo con el tiempo y que no ha dejado de proporcionarle alegrías a su autor: Premio de la Crítica Valenciana al mejor ensayo en 2004 y 2012; Premio Internacional de Ensayo Juan Gil-Albert también en dos ocasiones, 1999 y 2007; Premio de Ensayo Alfons el Magnànim en 2001 y Premio Juan Andrés de Ensayo en 2014.

      Miguel Catalán nos habla del plan general de Seudología que abarca 22 volúmenes, de los que ya se han publicado seis. “Estoy a punto de concluir el séptimo y el octavo, porque abordan dos partes del mismo tema, la mentira política. Los catorce restantes se compondrán, si la salud acompaña, a un ritmo de uno al año, porque la fase de documentación está avanzada en todos ellos. Respecto a los temas, son todos aquellos que afectan a las ciencias humanas bajo un enfoque transversal e interdisciplinar: la antropología, la mitología, la religión, la ética, la política, la diplomacia, el arte y la literatura, el mundo de los negocios y las profesiones, pero también la esfera de los sentimientos y las relaciones personales, de la traición al sexo y el amor. Me gustaría acabar con la mentira por amor, la más admirable de todas”.

Resultado de imagen de miguel catalán gonzález
      Pero no solo de filosofía vive el hombre, y Catalán ha ido alternando el ensayo con la ficción narrativa a través de colecciones de relatos como Breve historia (2001) o novelas como El último Juan Balaguer (2002) y Perdendosi (2016): una narración deliciosamente íntima, con una voz inolvidable que camina por las páginas del libro bajo la sombra magistral de Mann y Sebald. Porque, como admite nuestro autor, “la narración cubre una necesidad en mi economía espiritual que no cubre la escritura teórica. Escribo relatos y novelas a escondidas de mí mismo, como ese fumador que tiene los bronquios dañados y sigue aspirando lo que no debe. Escribir ficción es un vicio, urgido por el peligro y el placer”.

        Miguel Catalán es una voz plena, autónoma y seria: un lujo para nuestra cultura.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los amigos del crimen perfecto, de Andrés Trapiello


LA DIFICULTAD DEL EQUILIBRIO


      Aunque nunca haya aparecido en los puestos señeros de la literatura actual y siempre se haya colocado al margen del denominado “Grupo leonés” ¾Aparicio, Mateo Díez, Merino y Llamazares¾, el nombre y la obra de Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) se han labrado un merecido prestigio. Este leonés silencioso pero prolífico, de rostro reflexivo y actitud tranquila, ha probado todos los géneros excepto el teatral. Se dio a conocer mediante una serie de poemarios ¾Junto al agua (1980) y Las tradiciones (1982) ¾ en los que se advirtió ya el gusto por lo descriptivo y la sabia creación de ambientes.
Resultado de imagen de andrés trapiello
       
       Ya en la década de 1990 comenzó su afición al ensayo y sus colaboraciones en la prensa: Clásicos del traje gris, Sólo eran sombras, el extraordinario Las armas y las letras y Los hijos del Cid, son algunos de los muchos títulos publicados hasta el día de hoy. Ese mismo año inició una empresa tan ambiciosa como “extraña” dentro del panorama español: la publicación de un diario literaturizado cuyos tomos ¾dieciocho hasta la fecha¾ se agrupan bajo el título general de Salón de pasos perdidos.

           En lo concerniente al género novelístico, Los amigos del crimen perfecto es su quinta obra, y con ella obtuvo el Premio Nadal 2003. Su primera incursión en el género llegó en 1988 con La tinta simpática; a la que siguieron El buque fantasma (1992) y La malandanza (1994), novelas ambiciosa y en cierto modo imperfectas: argumentos corales que mostraban personajes planos, estructuras confusas. Días y noches (2000) fue su mejor logro: una novela modélica y redonda.

      En cambio Los amigos del crimen perfecto adolece de las mismos defectos que el resto de su producción: unos personajes demasiado planos, poco convincentes; unas ambiciones temáticas que no se ven correspondidas por la calidad del material elaborado; unos arranques esperanzadores que decaen y unos argumentos que confunden al lector. Todo ello podría ser perdonable en otro momento, pero el hecho de que Los amigos del crimen perfecto haya obtenido el prestigioso Premio Nadal hace surgir en nosotros dos temores: uno, la honestidad del “mercado-circo” de los certámenes ¾una duda que va en detrimento de autor, editorial y jurado¾; y dos, el miedo a que realmente la novela de Trapiello haya sido la mejor de entre las presentadas (imaginamos que varios cientos) ¾lo cual puede interpretarse como una señal de alarma sobre la dudosa calidad de la narrativa española actual.


Ni homenaje ni parodia... sino todo lo contrario.

       La estructura explícita y externa de la novela no ofrece dudas: se halla esta compuesta por trece capítulos sin numerar, agrupados en tres partes aparentemente arbitrarias e injustificadas. Narrada en tercera persona, la novela se muestra como una obra coral, con casi una docena de personajes, entre los que sobresale el protagonista Paco Cortés, escritor de novelas policiacas de serie b (o z).

Resultado de imagen de los amigos del crimen perfecto      Las dudas comienzan ya con el tratamiento del tiempo: principia la novela con el recordado 23-F y se alarga, mediante saltos y elipsis poco menos que caprichosas, hasta mediados de 1983. Hay momentos en los que dos oraciones resumen atribuladamente seis meses de hechos; mientras que, en otras ocasiones, los diálogos se alargan como chicles.

      La sucesión de las acciones narradas no obedece, tampoco, a ningún propósito, y los flashbacks ocupan casi la mitad de la obra. En ocasiones se recurre a anticipaciones dignas de folletín, o a cambios de tiempo verbal (utilizando el presente) que confunden al lector o, al menos, parecen prometerle nuevas expectativas... que luego no existen. Hay, incluso, confusión en los nombres de ciertos personajes: quien era Remigio, pasa a llamarse, cien páginas más adelante, Primitivo.

      A lo largo de los dos años que dura la fábula, asistimos a la descripción de infinidad de sucesos: la vida en la editorial en la que trabaja el mentado Paco Cortés (unas escenas que recuerdan pasajes de la novela policiaca El círculo se estrecha del británico Julian Symons); su inestable vida matrimonial y su relación con su esposa y su hija; las reacciones de los personajes ante el fallido golpe de Estado; la caricaturización de don Luis, el suegro del protagonista, un policía fascista y antediluviano (quizás el retrato más conseguido por lo que tiene de bufonesco y exagerado ¾y lamentablemente de real¾); las vidas ¾contadas a retazos, sin orden, en una confusión demasiado precipitada¾ de los amigos de Cortés, que conforman la tertulia de los amigos del crimen perfecto, consagrada al comentario de las novelas policiacas: el abogado pusilánime y vergonzoso (Perry Mason), el jovenzuelo ambicioso e inquieto (Marlowe), el policia que busca una alternativa literaria a la dura realidad (Maigret), la anciana rica que quiere olvidar su edad (Miss Marple), el joven provinciano que busca el antídoto a la soledad urbana (Poe)... y otros que van apareciendo esporádicamente, sin orden ni concierto, como si Trapiello los fuera imaginando sobre la marcha.

        Como propósito, la empresa es digna. Pero la solución (no al crimen planteado, sino a la propia elaboración de la novela) es demasiado descoyuntada, desequilibrada. Desde luego no nos parece una parodia, a no ser que se entienda que escribir una torpe novela policiaca es realizar una parodia del género. Y en cuanto a ser un homenaje: bueno... con amigos así... Hay un asesinato (¡al fin!), pero tras doscientas páginas de reflexiones típicas y tópicas, tras la cita (cuando no copia, aunque declarada) de postulados de autores clásicos del género (que por cierto se citan mal; aunque queremos creer que se debe a una errata de imprenta).

      Parece como si Trapiello se hubiera levantando un día con el título en la mente y luego hubiera escrito la novela: de tal modo que lo policiaco deviene en una mera excusa (y, por consiguiente, deficiente). Porque cuando el autor realmente disfruta (y con él, nosotros), donde hay momentos dignos de alabanza es al sumergirse en la vida sentimental de los personajes (Paco y su esposa; doña Asunción y el despótico don Luis; Poe y la nórdica Hanna). También se observa la comodidad de Trapiello cuando se mueve en las descripciones de la Guerra Civil (y de sus estragos), en los años de la represión: dichos momentos destilan el sentimiento y  la crítica contra la hipocresía de alguien que ha reflexionado sobre nuestro pasado más reciente. Solo ahí se justifica, quizás, esta novela fallida y desiquilibrada, con más sombras que luces.

     Lo demás: el asesinato y las diversas soluciones apenas son creíbles; se nos aparecen como cogidas con alfileres, como lastres o compromisos que el autor ha tenido que introducir para justificar el título. La parte última de la novela ¾la más ágil y quizás mejor resuelta¾ se parece en demasía a Soldados de Salamina.


      De su lectura se desprende que ni siquiera el autor ha creído en su obra. Homenaje y parodia, a veces, son términos demasiado unidos: hay que querer y conocer aquello que se ama u odia. El principal defecto de Los amigos del crimen perfecto es la falta de seriedad y credibilidad (quizás por pretender ambas cualidades en exceso). En ocasiones hay que reírse de uno mismo: pero incluso entonces, las risas deben ser serias y verosímiles.

Andrés Trapiello,

Los amigos del crimen perfecto, ed. Destino, 2003.

sábado, 29 de octubre de 2016

BOB DYLAN, un galardón con muy mala leche


     La sorpresa saltó: la Academia Sueca otorgaba, el pasado octubre, el Nobel de Literatura al cantautor (y poeta) Robert “Bob” Dylan por, según palabras de los académicos nórdicos, “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. Los chistes no se hicieron esperar. Las redes sociales echaron humo comentando la decisión de los sabios suecos. Algunos la criticaron, otros la alabaron. Como siempre, nunca llueve a gusto de todos. Las librerías tendrían que comenzar a vender discos de Dylan pensando en el regalo navidadeño (junto al Premio Planeta y el último de Pérez-Reverte, claro; que tienen que ser la leche de originales y de “sorprendentes”, por cierto).

Resultado de imagen de Bob Dylan

      Entre los chistes que corrieron por Internet me hizo mucha gracia uno que me mostró mi amigo:

En la Academia Sueca, los sabios se reúnen para decidir al ganador.
-Se lo damos a Hamiku Kamuriki.
-No, es Muraki Hamikuri.
-Que no, que es Hairuki Murikiru.
-Que no, que ya está. A tomar por el saco. Bob Dylan, y se acabó.


No me dirán que no tiene su gracia.

      No voy a entrar ahora en la bizantina discusión sobre si Bob Dylan merece o no este galardón. Está claro que los académicos suecos son libres de hacer lo que les venga en gana.

     Lo que no muchas personas saben es que este premio encierra un lectura subliminar, un mensaje con muy mala leche dirigido a los literatos norteamericanos. Porque los datos no mienten: desde los años 60 del siglo anterior hasta nuestros días, la Academia Sueca no ha querido saber nada con los escritores norteamericanos. Vamos, que es más fácil que el próximo año gane el Nobel Georgie Dann, “por su inconmensurable contribución a la música verbenera y estival”, que algún autor de Estados Unidos.

     John Steinbeck fue el último escritor estadounidense en recibir el Nobel de Literatura, en 1962. ¡Hace la friolera de 54 años! En 1978 se lo dieron a Isaac B. Singer, pero sucede que aun siendo norteamericano escribía en yidish. Otro tanto podemos decir de Joseph Brodsky, un autor nacionalizado como estadounidense; pero que escribió su gran poesía en ruso. En 1993, hace 23 años, se lo dieron a Toni Morrison, también estadounidense, pero escritora que no escritor.

      Es decir, que los académicos suecos, dándole el Nobel a Bob Dylan, han venido a decir que, a menos que se descubra un fármaco que perpetúe la vida, ni Philip Roth, ni Thomas Pynchon, ni Paul Auster, ni Edmund White, ni John Irving, ni Richard Ford, por citar algunos de los más conocidos, todos ellos escritores norteamericanos en lengua inglesa, van a ser galardonados.

     Seguro que algún miembro de la Academia Sueca leerá este artículo y, solo para dejarme en mal lugar, para, como dicen en mi tierra, cagarme la cara, se lo darán el año que viene al antipático de Philip Roth. Si es así, el tipo me tendrá que dar las gracias.

martes, 25 de octubre de 2016

¿A QUE VA A SER VERDAD Y SHAKESPEARE NUNCA EXISTIÓ?

Recordaréis que en 2011 publicaba el libro "La segunda vida de Christopher Marlowe y otros relatos" (Ed. Instituto de Cultura Juan Gil-Albert) donde, entre verdades y ficciones, especulaba sobre esta posibilidad.
¡¡DA GUSTO ADELANTARSE A LOS ESPECIALISTAS!! jejeje
Aquí os dejo el enlace donde se "emparenta" a Marlowe con Shakespeare. ¡Y nada menos que lo hace la Universidad de Oxford! Habrá que creerlo, claro...

http://www.bbc.com/mundo/noticias-37754345?ocid=socialflow_twitter


Resultado de imagen de marlowe


sábado, 22 de octubre de 2016

NADA, de Janne Teller


¿IMPORTA?

Resultado de imagen de nada janne teller    Publicada en nuestro país hace cinco años, la novela Nada, de Janne Teller (1964), vio la la luz de los escaparates daneses por vez primera a principios de los 90. Gracias a la contraportada me entero de que un montón de críticos la aclaman como una novela fundamental de nuestra época (“A la altura de un Premio Nobel”, afirma uno); la propia autora notifica que la novela tuvo (y seguirá tenido, imagino) muchos detractores: escuelas de Dinamarca y Noruega que la prohibieron a su alumnado (que me explique alguien cómo puedo yo prohibir un libro a mis alumnos… si antes no les he dicho que debían leerlo); librerías francesas que se negaron a venderlo (imagino que ganaban suficiente con otras ventas); padres alemanes impidiendo que sus hijos lo leyeran, aun siendo lectura escolar obligatoria (riete tú del follón de la LOMCE). En fin, como en otros casos no muy lejanos (Dan Brown y sus secuaces, por ejemplo), un montón de propaganda gratis para autora y para libro. De lo cual me alegro mucho: no solo de calidad vive el escritor. Yo no lo he comprado. Lo he sacado de la biblioteca de mi pueblo y lo he leído.

     La primera palabra que me viene a la mente tras concluirlo es DESCONCIERTO.

    Desconcierto porque no entiendo los vituperios exagerados (¿ha sabido alguna vez la gente la definición de “novela”?) ni los grandes elogios: el libro es notable, pero ya está. Tiene a favor la brevedad (que lo hace más contundente), el empleo de una prosa funcional (imagino que se deberá a que la historia la relata una muchacha de veintidós años, recordando los hechos acaecidos cuando contaba con catorce; o a que la autora no sabe hacerlo de otro modo, que también puede ser, claro), el atractivo punto de partida —nada original, por cierto; aunque, ¿qué hay de original en la literatura a estas alturas de la película?—: el adolescente Pierre Anthon llega a la conclusión de que en esta vida no importa NADA y se encarama a un ciruelo (¿y por qué no se ahorca de él?), desde donde empieza a lanzar dudas existenciales cual profeta nihilista —¿ningún crítico ha hablado antes de su ilustre antecesor: Cosimo Piovasco de Rondò quien, a los doce años, trepó a un acebo y no volvió a descender? Es El barón rampante (1957) de Calvino.

Resultado de imagen de nada janne teller      Desconcierto porque no sé si me gusta o no (se lee bien, no aburre), porque no sé si es una novela para la posteridad u otra más de las que leo al cabo del año; porque, en definitiva, no llego a captar el mensaje de la obra. Se me podrá decir que tal vez no haya: error. Hay novelas escritas para entretener; esta, desde su inicio (“Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo”), apunta a obra con ambición trascendental. Los amigos de Pierre Anthon —o ni eso: sus compañeros de clase— deciden mostrarle pruebas de que SÍ hay cosas importantes. Igual que cuando se arroja una piedra en un lago y las ondas van creciendo y multiplicándose, la novela avanza progresivamente en una escalada de odio, crueldad y, finalmente, asesinato. Y aquí creo que está su mayor defecto: no me impresiona, no me afecta; si la autora pretendía preocuparme, no lo consigue… Esa prosa tan sencilla (barnizada con una pátina de religiosidad que recuerda al Hemingway de El viejo y el mar) muestra su trampa, su impostura: no es natural, sino el artificio del que se vale Janne Teller para dotar de “veracidad” sus palabras. Los personajes no están individualizados, personifican un sentimiento, una actitud vital: el patriotismo, la religiosidad, la cobardía, la dedicación al arte, la vulgaridad, la fortaleza, la homosexualidad, la paranoia, la crueldad… Valen como personajes de una fábula de Samaniego o de La Fontaine, pero con toda la ambigüedad de estos tiempos en donde los intelectuales parecen empeñados en no admitir el maniqueísmo ni en lo más evidente, pues se quedan un modo como meros monigotes.

     Voy a recomendarla a mis alumnos; les convenceré con que el libro es delgado, la letra es grande, hay mucho diálogo y los párrafos son breves; además, si no les gusta siempre puede servir para calzar una mesa. Espero que sus padres (no) se escandalicen. Tal vez alguien lo ha leído y me dé una alegría (por leerlo, claro). Quizás él o ella puedan ayudarme a entenderlo mejor, puedan mostrarme ciertos detalles que yo no he podido ver, me hagan solventen las dudas sobre ciertas inconsistencias argumentales —Pierre Anthon es derribado del árbol a pedradas; si nada importa, ¿por qué cura sus heridas?—. Estoy seguro de que, no siendo un adolescente, no he sabido captarlo en su totalidad. Va a ser eso, seguro. Y di no es eso... ¿qué importa?

Janne Teller,

Nada,  Seix Barral, 2011. 158 páginas.